EL GRUPO ATALAYA EXPONE
Un grupo que no pretendió ser grupo, pero acabó siéndolo.
Una profesora que no se buscó, sino que estuvo siempre.
Unas alumnas que cada vez fueron más alumnas, y menos visitantes.
Unas pintoras que nunca quisieron ser pintoras.
El grupo Atalaya expone sin querer exponer,
como hace casi todo: sin querer hacerlo.
Porque le cuesta reconocer su valor.
O porque han entendido que el valor está en pintar.
El valor está en sacar unas horas a la semana de donde no las hay,
en llegar (tarde) casi sin fuerzas,
en reunirse alrededor de un lienzo en blanco y compartir el miedo, la incertidumbre y las ganas que eso provoca,
en entregarse y resistirse a las indicaciones de una profesora
a la que hacen profesora porque ellas son las alumnas.
El valor está en recopilar fotos, pasquines, objetos, motivos para cuadros.
Y al final decidir pintar a un hijo, que se enfada por ser retratado,
pintar una ventana de una habitación familiar que evoca demasiados recuerdos,
un autorretrato
un motivo que no provoca casi nada hasta que se hace grande en el cuadro.
El valor está en reírse con un cuadro que no funciona
y seguir riendo cuando la sesión siguiente sigue sin funcionar.
El valor está en seguir pintando hace ya más de un lustro.
y quedarse pintando hasta las 3 de la mañana
con un botellín de cerveza y mucho humor.
Y en estropear un cuadro casi terminado
y seguir pintándolo aun así.
El valor está en jurar que el próximo cuadro se pintará como hay que hacerlo
y sin embargo pintarlo como se ha pintado siempre.
El valor del Grupo Atalaya está en pintar como pintan,
cuando parecería que es casi imposible.